Domingo, 20 Enero, 2019


Demuestran que las mujeres también participaban en la iluminación de manuscritos medievales

Christina Warinner  Max Planck Institute for the Science of Human History via AP Christina Warinner Max Planck Institute for the Science of Human History via AP
Eduardo Anchondo | Enero 12, 2019, 21:36

Durante la Edad Media europea, la alfabetización y los textos escritos fue responsabilidad de las instituciones religiosas. Algunos de estos documentos fueron adornados con pinturas y pigmentos lujosos, incluyendo la hoja de oro y el ultramar, un pigmento azul raro y caro hecho de piedra de lapislázuli.

El papel de las mujeres en la creación de los manuscritos medievales pudo haber sido más relevante de lo que se creía, según un nuevo estudio publicado en Science Advances: la identificación de pigmentos de lapislázuli incrustado en la placa dental calcificada de una mujer de la Edad Media en un monasterio alemán, sugiere que, probablemente, fue pintora de textos religiosos.

Quedan pocos registros del monasterio y se desconoce la fecha exacta de su fundación, aunque una comunidad de mujeres puede haberse formado allí ya en el siglo X dC.

Hay pocos registros del propio monasterio, porque fue destruido por un incendio después de una serie de batallas cercanas durante el siglo XIV, pero los registros escritos datan de 1244.

Los investigadores estudiaban el esqueleto de una mujer, que se estimaba tenía entre los 45 y 60 años cuando murió, en algún momento entre los años 997 y 1162. No tenía patologías esqueléticas particulares, ni evidencias de trauma o infecciones. El único aspecto notable de sus restos fueron las partículas azules que se encuentran en sus dientes.

"Fue una completa sorpresa, ya que el cálculo se disolvió y lanzó cientos de diminutas partículas azules", recuerda Anita Radini, de la Universidad de York. Un análisis cuidadoso utilizando varios métodos espectrográficos diferentes reveló que el pigmento azul era lapislázuli.

"En base a la distribución del pigmento en su boca, concluimos que el escenario más probable era que ella misma pintaba con ese elemento, lamiendo el extremo del pincel mientras lo hacía", comentó la investigadora Monica Tromp.

"Solo a los escribas y pintores de una destreza excepcional se les ha confiado su uso", dijo Alison Beach, coautora e historiadora del estudio de la Universidad Estatal de Ohio en un comunicado.

El descubrimiento inesperado de un pigmento tan valioso tan temprano y en la boca de una mujer del siglo XI en la Alemania rural no tiene precedentes. Pese a que se conocía que Alemania fue un centro activo de producción de libros durante ese período, hasta ahora había sido especialmente difícil identificar la aportación de las mujeres a esa actividad.

De hecho, los escritores y los ilustradores a menudo no firmaban su trabajo, como un gesto de humildad, y si las mujeres eran escritoras y artistas, la práctica las borraba de la historia.

"La escasa visibilidad del trabajo femenino en la producción de manuscritos ha conducido a muchos académicos a asumir que las mujeres tuvieron un reducido papel en ella", agregaron los autores de la investigación.

Los hallazgos de este estudio no solo desafían las creencias de larga duración en el campo, sino que también descubren una historia de vida individual.

Esta mujer "estaba conectada a una vasta red comercial global que se extiende desde las minas de Afganistán hasta su comunidad en la Alemania medieval a través de las metrópolis comerciales del Egipto islámico y la Constantinopla bizantina. La creciente economía de Europa en el siglo XI disparó la demanda del precioso y exquisito pigmento que viajó miles de millas a través de caravanas y barcos mercantes para servir a la ambición creativa de esta artista", explica el historiador y coautor Michael McCormick, de la Universidad de Harvard (Estados Unidos).

Al respecto, la investigadora Christina Warinner subrayó que "tenemos una prueba directa de una mujer que no solo pintaba, sino que lo hacía con un pigmento muy raro y costoso, y en un lugar muy apartado".