Miércoles, 19 Setiembre, 2018


Entre basura y excremento vivía una pareja con 10 niños

Jonathan Allen y Ina Rogers Jonathan Allen y Ina Rogers
Orlondo Matamoros | May 16, 2018, 14:42

"Literalmente te rompe el corazón, y te indignas cómo un padre o alguien puede cometer esos actos", expresó.

De acuerdo con la policía, los menores, de cuatro meses a 12 años de edad, vivían entre excremento y basura, además de ser víctimas de abuso físico y emocional por parte de sus padres, Ina Rogers (30) y Jonathan Allen (29). No obstante, fue liberada el 9 de abril luego de pagar una fianza de diez mil dólares (más de seis millones de pesos).

Cuando fue a entregar a un niño de 12 años que había estado desaparecido y fue hallado durmiendo en un jardín, las autoridades descubrieron en qué condiciones vivía la familia.

La vicefiscal aseguró que las torturas a los menores ocurrieron en la casa familiar, situada en Fairfield, en el noreste de San Francisco, y que fueron provocadas por un deseo "sádico" de los progenitores.

Al recatarlos, los niños no fueron atendidos por un médico, ya que en ese momento no lo requerían, sin embargo, en las últimas seis semanas, ocho de los niños fueron contando gradualmente los abusos que vivían desde hace muchos años. "No tienen huesos rotos, ni cicatrices mayores", dijo la madre al frente de la casa para argumentar que los menores no habían sido torturados. Además, les ofreció a reporteros un recorrido por su casa. "A mis hijos los golpean, los lastiman y los rasguñan porque son niños, pero eso es todo", así se justificó la madre. Según dijo, todos dormían en una misma habitación y tenían las cunas guardadas en un armario. "Hemos acusado a alguien de torturar a sus propios hijos, si eso te dice algo", añadió Hurlbut. Las otras habitaciones se usaron como dormitorio principal, sala de juegos y sala de meditación.

La madre acusada explicó que se mostraba muy ausente porque ella trabaja por las noches como técnico de EKG en una compañía de monitoreo cardiaco y que su esposo es tatuador.

Las autoridades exigieron a Rogers abrir la casa a los medios de comunicación y el panorama era espeluznante.

Entre los testimonios recogidos por las autoridades, están el de Aleida Quartman, de 23 años, compañera de trabajo de Rogers, quien dijo que mimaba mucho a sus hijos y que la casa estaba desordenada porque las mascotas jugaban con los niños. Allen dijo que está alejada de su hijo y que ha mantenido a su familia lejos de los niños."Somos una familia cristiana y Jonathan no se crió de esa manera", dijo.

Entre basura, alimentos podridos y heces, tanto de animales como humanas, así vivían los pequeños en una casa de Fairfield junto a sus padres, que fueron detenidos y enfrentan varios cargos, entre negligencia infantil y tortura. "Es una casa bastante grande".